14 agosto 2014

Historia de Sahara Occidental

La historia del pueblo de Sanhaja Bereber y sangre Árabe que habita el Sáhara Occidental se retorna siglos atrás en el tiempo. En el siglo XI, una confederación de tribus, los "Sanhaja con velo", formaban el Estado Almorávide. Los almorávides eran Sanhaja devotos(morávides) que dejaron el Sáhara para ir hacia el norte donde conquistaron Marruecos. Entonces hubo un cisma; una parte volvió al sur al desierto mientras la otra cruzó el Mediterráneo, invadió Andalucía, estableciendo en España, así como en el Magreb actual. Fundaron Marraquech y otras ciudades y hubo una gran explosión cultural durante su reinado.

Sin embargo, perdieron el contacto con su país de origen y su antigua forma de vida. Los ancestros directos de los actuales Saharauis fueron tribus que venían del Yemen en el s. XV. Cruzaron el Norte de África y se establecieron eventualmente en la región del Sáhara Occidental. En los siglos siguientes hubo desacuerdos entre estas tribus y cualquier recién llegada, ya que han sido siempre fuertemente independientes. La situación se estabilizó en el siglo XVIII cuando Saguia el-Hamra se conoció como la "Tierra de los Santos", un centro de aprendizaje y misticidad, que atrajo gente en busca de conocimientos profundos y vastos.

Debido a las escasas e irregulares precipitaciones, la región sólo fue habitada por tribus nómadas. Vivían con rebaños que pastaban y cultivos donde era posible. Su religión era el Islám, su ley se basaba en las costumbres y el Corán. Etnicamente y culturalmente eran distintos de las poblaciones situadas alrededor de ellos, se movían a través del desierto en unas rutas más o menos regulares, establecidas por estaciones, pozos, fuentes. No conocían fronteras.

Hacia el final del siglo XVI, el Sultán de Marruecos, Ahmad al Mansor, envió una expedición a conquistar Timbuctú. Su motivación era económica: el deseo por la sal junto con la compra de oro y plata. Esta expedición, que siguió una ruta regular de caravanas, tuvo una gran influencia en la región. Sin embargo, fue efímera, y los descendientes fueron rápidamente absorbidos por la población local. Durante casi un siglo Timbuctú pagó tributo a Marruecos, y luego se terminó. Hubo contactos a lo largo de los siglos: regligiosos, culturales y lazos personales, pero fueron esporádicos y en ningún momento constituyeron lazos de soberanía territorial entre Marruecos y el Sáhara Occidental. Ésto puede ser observado con claridad en los términos del Tratado de Marrraquech firmado en 1767: Su Majestad Imperial (de Marruecos) se abstiene de expresar una opinión respecto al comercio que Su Majestad Católica (de España) desea establecer al sur del río Nun, ya que Él no puede tomar responsabilidades por accidentes y desgracias, porque Su dominación no llega tan lejos ...


Hacia el Norte desde Santa Cruz, Su Majestad Imperial otorga a los Guanches (Islas Canarias) y los Españoles los derechos a pescar sin autorización de ninguna otra nación para ello.

La Sociedad Saharaui, como muchas otras en África en aquel momento, era una sociedad tribal, pero tenía algunas características específicas. Por ejemplo, estaba gobernada por la Asamblea de los Cuarenta, cada uno de los cuales representaba una de las Tribus Saharauis (ésto contrasta con lo de sus vecinos, por ejemplo Marruecos, donde había una monarquía hereditaria con poderes absolutos o Mauritania, donde era la tribu más fuerte la que imponía tributos a las más débiles y, en general, las dominaba).

Cada Tribu Saharaui se dividía entre subtribus que tenían tanta autonomía que la historia colonial española la describe como una forma de vivir "en completa anarquía". Ésto no era así, ya que la sociedad tribal estaba tan organizada como unidad que de hecho tenían "kafirs", que eran los representantes oficiales para las tribus en Argelia, Marruecos y Mauritania.

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Presencia española:

Durante el siglo XIX, la relaciones con España se limitaron en su mayoría a cuestiones sobre pesca (pescadores de las Islas Canarias): de hecho, el interés español en el territorio estaba principalmente determinado por su deseo de proteger el Achipiélago Canario. De tarde en tarde, España era forzada a negociar con los jefes de la zona para que devolvieran a los marineros. En 1884, para asegurar su dominación, España proclamó un protectorado desde Cabo Blanco a Cabo Bojador. En 1885, en la Conferencia de Berlín, que estableció el reparto de África entre las fuerzas europeas, ratificando esta proclamación.
Los Saharauis se opusieron fieramente a las Fuerzas Españolas.


Mientras tanto, Francia se había convertido en la potencia dominante en el Noroeste de África y deseaba extender sus posesiones aún más lejos. En 1886, se iniciaron las negociaciones para definir las fronteras entre las zonas Francesa y Española. Éstas continuaron hasta 1900, cuando el primer tratado secreto Franco-Español fue firmado, para continuar con otros acuerdos secretos posteriores en 1904 y 1912. Hubo una intensa resistencia, incluso contra la invasión francesa, que pretendía llevar a Malainin, un jefe de considerable prestigio, desde Mauritania hasta el Sáhara Occidental, donde encabezaría una coalición de tribus de Mauritania, Wadi Dahab y Saguia el-Hamra. En 1905 pidió al Sultán de Marruecos que apoyase la resistencia de la tribu en la Yihad (guerra santa) contra los invasores.

Aparte de buenas palabras, la ayuda se limitó al préstamo de algunas armas. Enfrentados con la débil oposición de Marruecos a los invasores (el monarca había aceptado el Imperialismo Francés), Malainin, renovó las hazañas de los Almorávides, y se volvió contra el Rey marroquí. Marraquech fue conquistada, pero los guerreros fueron parados en su marcha a Fez en 1910 por el Ejército francés que se había establecido en Marruecos (de hecho, en 1912 el Protectorado francés sólo se firmó). Francia, con el control de Marruecos, intensificó su ofensiva militar en Mauritania. Numerosas incursiones se realizan dentro de Saguia el Hamra y Francia se vengó posteriormente del Sheikh Malainin y su hijo, Al Hiba. Las luchas continuaron hasta 1936. Desde Wadi Dahab y Saguia el Hamra habían resistido, durante 40 años, todos los intentos de pacificación, Francia amenazó a España en 1934 con que ocuparía estos territorios.
Esta amenaza diplomática llevó a una cooperación militar Franco-Española para destruir el movimiento de resistencia que había en el Norte de Mauritania y en todo el "Sáhara Español". 
España así toma posesión de hecho de su "colonia" en 1936.


La cooperación entre Francia, España y Marruecos culminó, en 1958, con la acción militar conocida como Operación Ecouvillon. Los luchadores Saharauis, que habían apoyado a los Marroquíes (y también a los Maurtianos y a los Argelinos) en su proceso de liberación contra Francia , les pidió apoyo en su lucha de liberación contra la continuación del dominio español. Los marroquíes ayudaron a los Saharauis pero sin convicción y entonces los traicionaron, cortaron sus suministros y municiones. Como resultado, España recompensó a Marruecos con la provincia actual de Tarfaya, al sur de la frontera marroquí, que estuvo hasta entonces bajo dominación española y habitada por Saharauis.

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Periodo de descolonización:

Durante los años 50 y 60, mientras muchos países africanos iniciaban su acceso a su independencia política, la cuestión del Sáhara Español era prioritaria en la agenda de la Asamblea General de Naciones Unidas en 1965. El argumento para la liberación del territorio se basaba, como en muchos casos análogos, sobre la Resolución 1514 (XV) de 1960 de la Asamblea General de NU, la Declaración de Reconocimiento de Independencia de los Países y Pueblos Colonizados. La resolución 1965 estableció el matiz de muchas resoluciones subsecuentes aprobadas sobre la cuestión del Sáhara, ambas por la Asamblea General de NU y por otras reuniones internacionales, especialmente la Conferencia de Países No-Alineados y la Organización para la Unidad Africana.
El Pueblo Saharaui no ha permanecido impasible durante la invasión y permuta de su tierra.


Después de 1958, se realizaron manifestaciones esporádicas contra la Dominación española, pero fue en 1967 cuando la lucha se vuelve organizada con la creación del Movimiento para la Liberación del Sáhara. Una campaña intensiva para movilizar al Pueblo Saharaui en nombre de su independencia llevó a un masiva manifestación, en 1970, contra los esfuerzos del poder colonial por convertir al Sáhara en una provincia española. Los españoles reaccionaron masacrando a los manifestantes y disolviendo el movimiento de liberación.

Comprendiendo que no había otra salida, los Saharauis deciden tomar las armas y luchar. El 10 de Mayo de 1973, el Congreso Constitutivo para el Frente por la Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro, conocido como el Frente POLISARIO, fue constituido. Poco después, tuvo lugar la primera acción armada. Tales acciones causaron una escalada de bombardeos, masacres y torturas a la población civil que fue forzada a un éxodo masivo a las áreas controladas por el Frente POLISARIO y sobre la frontera hacia Tinduf en Argelia, que ha apoyado la Causa Saharaui por la Autodeterminación.

Como los movimientos de liberación en otras partes de África, especialmente las antiguas Colonias portuguesas, el F. POLISARIO tuvo que involucrarse no sólo con la lucha armada, sino también con la distribución, asistencia médica, la construcción de escuelas y hospitales, cursos de alfabetización y, en general, preparar el trabajo de campor para la futura sociedad liberada.

El reconocimiento de que el F. POLISARIO representa de hecho al pueblo Saharaui ha llevado a una mayoría de los Estados Africanos a reconocerlo como tal. Pero los Saharauis han dado un paso aún mayor. El 27 de Febrero de 1976, el día que el último Soldado español dejó el territorio, el POLISARIO proclamó en Bir-Lelú la creación de la República Árabe Saharaui Democrática. Desde entonces la República ha sido reconocida por numerosos estados, tanto africanos como otros.

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Presencia mauritana y marroquí:

España cambia de política y el 20 de agosto de 1974 anuncia que realizará durante los seis primeros meses de 1975 un referéndum de autodeterminación, bajo el control de la ONU, para que los saharauis elijan su propio destino; tal referéndum había sido solicitado por las Naciones Unidas desde 1966. Ante lo que se puede prever como un referéndum de marcada tendencia independentista, Marruecos maniobra en las sesiones de las Naciones Unidas a fines de ese año y ofrece a Mauritania claramente el reparto del territorio; ello, unido a la colaboración de los países occidentales en apoyo de Marruecos, conduce a una votación en la que se decide enviar el contencioso del Sahara al Tribunal Internacional de Justicia de La Haya, para que determine los lazos que unían al territorio con Marruecos y con el conjunto mauritano en la época de la llegada española, 1884, al tiempo que se solicita a España que paralice el mencionado referéndum. A mediados de 1975 finalizan los enfrentamientos del Frente Polisario con las fuerzas españolas. El 16 de octubre, el Tribunal de La Haya hace público su dictamen según el cual no se ha encontrado la zos de soberanía de Marruecos ni de Mauritania sobre el territorio, y solamente alg una relación de dependencia de las tribus que llegaban en sus nomadeos hasta Marruecos y algunos derechos de Mauritania sobre zonas de pastos. No hay nada que se oponga a la autodeterminación saharaui.

Pero ello es suficiente para que Hassan II ponga en acción sus propósitos preparados desde meses antes, con ayuda de los EE.UU. y de medios financieros árabes, anunciando ese mismo día su derecho a recuperar el Sahara por medio de una marcha civil de 350.000 personas, la llamada Marcha Verde.

El 17 de octubre, el gobierno español, en decisión secreta, firma la orden de evacuar el Sahara a partir del 10 de noviembre, dejándolo en manos de los marroquíes. La Marcha Verde supone una cobertura para el abandono de la idea de autodeterminación mantenida en la ONU y prometida a los saharauis, porque la línea geopolítica occidental es opuesta al nacimiento en esta zona del Atlántico de un Estado independiente, propiciado y ayudado por Argelia y Libia y dentro de la línea progresista árabe; al mismo tiempo, el Alto Estado Mayor Español teme que un Sahara independiente sea un peligro político para Canarias. Entre estas fechas y el 14 de noviembre, se perfilan los acuerdos de Madrid por los que se da entrada en la administración del Sahara a Marruecos y Mauritania, que más tarde se repartirán el territorio, retirándose España el 28 de febrero de 1976. Mientras tanto, y a partir del 30 de octubre, bajo la cortina de humo de la Marcha Verde, las fuerzas marroquíes han invadido el territorio por varios puntos del Este, en medio del silencio y la pasividad españolas, que no denuncian estos hechos ni a la opinión pública ni a la ONU. El 6 de noviembre, la Marcha Verde penetra en el Sahara sólo diez kilómetros en dirección a El Aaiun, según el acuerdo con el gobierno español, permaneciendo en esta zona tres días y retirándose luego. A partir del 30 de octubre se producen los primeros combates de los saharauis contra las fuerzas marroquíes en Hausa, Echdeiría y Farsia.
La población huye en masa de las ciudades y poblados ante la invasión extranjera y se refugia en varios campamentos del desierto; estos campamentos son bombardeados por la aviación marroquí en febrero y marzo de 1976, causando numerosas víctimas, principalmente en Um Dreiga y en Tifariti. Los saharauis huyen entonces a territorio argelino, refugiándose en otros campamentos improvisados cercanos a Tinduf. Pero los que llegan hasta allí lo hacen en condiciones desastrosas, heridos y agotados, después de haber dejado numerosas bajas por el camino; en los primeros meses, las condiciones sanitarias y de alimentación fueron pésimas, hasta que llegó la ayuda internacional y argelina sobre todo. A lo largo de 1976 su número fue aumentando hasta sobrepasar los 100.000 refugiados. El 27 de febrero, ante el vacío jurídico que creaba la salida de España, se proclamaba en el Sahara aún libre de invasores la República Árabe Saharaui Democrática y, el 4 de marzo, se formaba el primer gobierno. Se promulgaba también una Constitución provisional, de marcado carácter social y progresista, según la cual el poder supremo correspondía al Comité Ejecutivo del Frente Polisario.

A partir de entonces se iniciaba una larga guerra contra la invasión, en la que los saharauis recibirían la ayuda de Argelia. En 1979, Mauritania, con grandes dificultades internas causadas por una guerra que no podían sostener, a pesar de la intervención directa realizada por Francia en 1978, se veía obligada a retirarse de la lucha y renunciar a cualquier reivindicación sobre el Sahara. Los saharauis continuaron su combate contra el enemigo único marroquí en una guerra de guerrillas que, no obstante, utilizaba también un avanzado armamento moderno, eligiendo sus puntos de ataque y los momentos más adecuados en un terreno que conocían perfectamente. Inclusive, los ataques fueron llevados al interior de Marruecos contra las ciudades de Tantan, Assa, Saac, Akka y Tata, poniendo al gobierno marroquí en serios apuros. 


Desde 1980 a 1987, los marroquíes, con objeto de controlar el territorio, procedían a la construcción de una inmensa línea de fortificaciones, con elementos de detección a base de radares, que partiendo del este del río Dra en una longitud de más de 2.000 km, llegaba hasta el norte de La Güera. La estrategia de los muros convirtió la guerra del Sahara en una serie de ataques esporádicos contra las posiciones estables marroquíes, las cuales no salían de unas fortificaciones que les servían tanto de defensa como de cerco. Sin una solución militar posible, se imponía una solución política.

La República Saharaui había sido reconocida hasta 1990 por 74 Estados, principalmente africanos y americanos; ingresó en la Organización de la Unidad Africana en 1982 y obtuvo, a partir de 1979, una progresiva aceptación en la ONU, que propugnaba constantemente en sus resoluciones un referéndum de autodeterminación y unas conversaciones preliminares entre Marruecos y el Frente Polisario para llegar a un alto el fuego. Aunque Marruecos se negaba a ello, finalmente, en enero de 1989, Hassan II recibió a los responsables del Frente, pero sin que se alcanzaran resultados positivos.

Los esfuerzos del secretario general de la ONU, Pérez de Cuellar, hasta 1991 daban forma por fin a un plan para el Sahara, que, en abril de ese año, Marruecos se veía obligado a aceptar y que el Frente Polisario también admitía. Las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU avalaban también el plan de paz de Pérez de Cuellar. El punto fundamental era la realización de un referéndum de autodeterminación de los saharauis, con las opciones de independencia o integración en Marruecos, bajo el control y los auspicios de la ONU. El plan era muy detallado y comprendía el alto el fuego, canje de prisioneros, libertad de detenidos políticos, retirada de parte de las fuerzas marroquíes, confinamiento de los combatientes, regreso de los exiliados, confección de un censo electoral, libertad de propaganda, anulación de las leyes represivas, etc. La larga trayectoria de un pueblo, con una personalidad y una cultura propias y una tradición de independencia a través de los siglos, llegaba así a un punto crucial de su historia, tras enormes y dolorosas vicisitudes.